La intervención divina en la guerra: comprender el papel de Hashem en la batalla
Rav Shay Tahan
En tiempos de guerra, las personas suelen experimentar miedo, estrés y ansiedad debido a la amenaza constante contra su seguridad y su bienestar. El miedo surge del peligro inmediato del combate y del posible daño; el estrés resulta de la exposición prolongada a estos peligros y de la incertidumbre de la situación; y la ansiedad puede originarse en la anticipación de amenazas futuras y en el costo psicológico de vivir en un entorno devastado por la guerra. Estas emociones se intensifican por la alteración de la vida cotidiana, la pérdida de seres queridos y la inestabilidad general de las condiciones de guerra. En la Torá se reconocen abiertamente estas emociones, y la Torá también nos orienta sobre cómo afrontarlas.
La guerra psicológica.
En primer lugar, debemos reconocer que el enemigo explota nuestras emociones y emplea tácticas de guerra psicológica, entre ellas el uso de videos e imágenes perturbadores que muestran torturas y violencia. El primer paso para todos es abstenerse de ver ese tipo de contenido, ya que solo amplifica el miedo. Además, debemos entender que se trata de tácticas que se utilizan contra nosotros. La Torá ya se refiere a estas técnicas, al decir: «No desmaye vuestro corazón; no temáis, ni os apresuréis, ni os aterroricéis ante ellos» (Devarim 20:3). Rashí explica que el enemigo emplea cuatro formas de guerra psicológica, y el versículo ofrece la seguridad de no sucumbir al miedo: – «No desmaye vuestro corazón», ante el relincho de los caballos y el afilado de las espadas del enemigo. – «No temáis», ante el choque de los escudos y el ruido de sus botas. – «Ni os apresuréis», ante el sonido de las trompetas. – «Ni os aterroricéis», ante los gritos del enemigo. Comprender estas tácticas y la guía de la Torá puede ayudarnos a resistir la guerra psicológica que se libra contra nosotros.
Bitajón.
Con respecto al miedo que uno siente al luchar en una guerra, el versículo dice (Devarim 20:1): «Cuando salgas a la batalla contra tus enemigos y veas caballo, carro y un pueblo más numeroso que tú, no les temas, porque Hashem está contigo». Rashí subraya que el versículo emplea la forma singular, «caballo» y «carro», para transmitir que el enemigo se presenta como si tuviera un solo caballo o un solo carro. La interpretación de Rashí pone de relieve que la Torá quiere enseñarnos que es Hashem el verdadero combatiente en la guerra. Desde la perspectiva de Hashem, todos los caballos y carros del enemigo son tan insignificantes como uno solo, lo que significa que la cantidad de recursos del enemigo no tiene ningún peso a los ojos de Hashem.
Esto concuerda con lo que enseña la Guemará (Avodá Zará 2), en particular en el contexto del final de los tiempos, cuando Hashem juzgará a todas las naciones. Cuando Hashem pregunta a los iraníes cuál fue su contribución al mundo, ellos afirman que libraron guerras. Sin embargo, Hashem les responde que ellos no libraron ninguna guerra; fue Él quien libró todas las guerras. Esto resalta la importancia de reconocer que todas las guerras son, en definitiva, libradas por Hashem. Aunque no veamos a Hashem de manera visible en el campo de batalla, debemos entender que Él está presente y dirige todos los acontecimientos. Es como ver una película sobre una guerra en la que todo lo que aparece en la pantalla ha sido minuciosamente dirigido por el guionista de la película. El pasuk continúa: «Y les dirá: “Escucha, Israel, hoy os acercáis a la batalla contra vuestros enemigos.
No desmaye vuestro corazón; no temáis, ni os apresuréis, ni os aterroricéis ante ellos. Porque Hashem es quien va con vosotros, para luchar por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros”». Entre los Rishonim se encuentran dos enfoques distintos para entender estos versículos. El Rambán afirma que estos versículos representan una promesa a quienes se preparan para la batalla, asegurándoles que Hashem les concederá la victoria. Uno podría preguntar cómo puede la Torá dar esa seguridad y prometer un resultado favorable, dado que la historia ha mostrado al pueblo judío sufriendo derrotas en guerras. El Steipler (Birkat Perets, Shofetim) responde que la Torá no necesariamente nos asegura la victoria de Am Israel en la batalla.
Más bien, transmite un mensaje diferente: la Torá nos recuerda que no conocemos el desenlace final de una guerra, pero cuando uno entra en batalla, debe entender que es Hashem quien lucha en su favor. Por consiguiente, no debe dejarse intimidar por la superioridad numérica o armamentística del enemigo, ya que estos factores no son decisivos. Hashem está presente en el campo de batalla y determina el curso de los acontecimientos. A diferencia del Rambán, el Rambam (Melajim 7,15) discrepa de esta perspectiva, ya que hay numerosos casos en el Tanaj en los que el pueblo judío sufrió derrotas en guerras (Séfer Meguilat Ester). Por eso, el Rambam no lo interpreta como una promesa, sino como un mandamiento: una mitzvá.
Cuando alguien sale a la guerra, se le ordena depositar su confianza y su fe en Hashem y no sucumbir al miedo. La razón es que entrar en batalla con temor está destinado al fracaso.
Hishtadlut.
Uno podría preguntarse cuál es nuestro papel en una guerra si realmente Hashem es el combatiente definitivo. Debemos entender que tenemos la responsabilidad de esforzarnos y actuar (hishtadlut) para lograr la victoria. Nuestro objetivo en la guerra es traer honra a Hashem y a Su pueblo. Rashí aporta una enseñanza al destacar que incluso tener una sola mitzvá, como recitar el Shemá, es suficiente para asegurar la victoria. Se destaca esta mitzvá en particular porque decir el Shemá representa el símbolo de nuestra fe (emuná). El mensaje de Rashí es claro: mientras el enemigo puede confiar en sus armas, nosotros debemos entrar al campo de batalla con confianza en Hashem, reconociendo que nuestra fe es nuestra fuerza suprema.
Ciertamente, alcanzar el mérito mínimo para ganar una batalla es esencial, pero debemos esforzarnos por ir más allá del mínimo y dar lo mejor de nosotros. Según la Guemará (Makot 10), la clave de la victoria es aumentar el estudio de la Torá. La Guemará cita el versículo «רגלינו היו עומדות ירושלים בשעריך», que significa «Nuestros pies están parados en las puertas de Yerushaláyim». La Guemará interpreta este versículo explicando que el mérito que permitió a Yerushaláyim mantenerse victoriosa en la guerra fue la dedicación al estudio de la Torá. Otra Guemará (Sanhedrín 49, y véase Rashí) relata que el éxito de Yoav en sus guerras se atribuyó al mérito del rey David, quien en ese momento estaba ocupado en el estudio de la Torá.
Además, la tefilá es una herramienta poderosa, como lo demuestra un Midrash (Bamidbar Rabá 24,2) que menciona que, en una batalla con 12.000 guerreros, designaron a otras 12.000 personas para que se quedaran atrás y rezaran por ellos. Esto demuestra que tanto la tefilá como el estudio de la Torá desempeñan un papel crucial para cambiar el curso de los acontecimientos. El hecho de que estas personas eligieran dedicarse al estudio y a la tefilá en lugar de unirse a la batalla subraya la importancia de estas labores espirituales.
Publicado originalmente en The Jewish Vues.
