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Am Israel Jai: el recorrido de Am Israel a través del dolor y la alegría

Am Israel Jai: el recorrido de Am Israel a través del dolor y la alegría

Rav Shay Tahan

«¡Am Israel Jai!». Es una frase que todos conocemos muy bien, entonada a lo largo de las generaciones y que hoy resuena en todo el mundo. Una historia famosa vinculada a esta expresión tiene como protagonista al Rav Yonatan Eibeschitz (יהונתן רבי אייבשיץ(, talmudista, halajista y cabalista, que ocupó el cargo de dayán de Praga y más tarde se desempeñó como Rav de las «Tres Comunidades» (Altona, Hamburgo y Wandsbek). Debido a su liderazgo, su sabiduría y el misterio que rodeaba su figura, numerosas leyendas y anécdotas se asociaron a él, una de las cuales está relacionada con la frase que estamos tratando. La leyenda cuenta del decreto del gobernante de Metz, una ciudad de Francia, de expulsar a todos los judíos de la ciudad. El Rav Eibeschitz se presentó ante él y exigió la revocación del decreto.

Durante la intensa conversación que siguió, el Rav pronunció la frase «Am Israel Jai Leolam Vaed» («El pueblo de Israel vive para siempre»). El alcalde, tomado por sorpresa, aceptó revocar el decreto, pero con una condición: que el Rav Eibeschitz lograra completar una tarea aparentemente imposible. Debía escribir la oración que había pronunciado, «Am Israel Jai Leolam Vaed», sobre una superficie del tamaño de una mezuzá, 45.760 veces: el número de judíos de la ciudad de Metz. A primera vista parecía imposible, a menos que tuviera la capacidad de escribir letras del tamaño de granos de arena. Sin embargo, para asombro del alcalde, el Rav Eibeschitz regresó rápidamente de su habitación sosteniendo un papel que daba testimonio de que había cumplido la tarea.

Lo hizo de la siguiente manera: dibujó una tabla en el papel, escribió la letra ‘ע ‘en el centro de la tabla y la rodeó con las letras de la oración en distintas direcciones sobre la hoja. De este modo, la oración podía leerse en la hoja en diversas combinaciones, que sumaban la cantidad de veces requerida. El gobernante alegó que necesitaba tiempo para verificarlo y postergó temporalmente el decreto de expulsión. Finalmente, al cabo de un año entero, terminó de contar las 45.760 repeticiones, descubrió que el Rav tenía razón y, por fin, revocó el decreto. Desde el comienzo de la guerra en Israel, la expresión «Am Israel Jai», que se traduce como «El pueblo de Israel está vivo», ha adquirido una enorme popularidad.

Impregna canciones populares, adorna banderas y sirve como grito de convocatoria en las manifestaciones de apoyo a Israel. Sin embargo, al reflexionar sobre su origen, no existe una fuente definitiva. Algunos sostienen que proviene del diálogo entre Yosef y sus hermanos, cuando él les preguntó por el bienestar de su padre y ellos afirmaron que estaba vivo. Considerando el otro nombre de Yaakov, Israel, la frase «Israel está vivo» quedó arraigada. Otros sugieren que sus raíces se encuentran en la profecía de Yejezkel: en su visión, se le ordena al profeta profetizar sobre un valle lleno de huesos de muertos. Mientras habla, los huesos se juntan, los tendones y la carne los cubren, el aliento de vida entra en ellos y se ponen de pie: un ejército inmenso.

Este acontecimiento profético es una metáfora del pueblo de Israel: «Estos huesos son toda la casa de Israel. Ellos dicen: “Nuestros huesos se han secado y nuestra esperanza se ha perdido; estamos cortados”. Así dice Hashem: He aquí que Yo abriré sus tumbas y los levantaré de sus tumbas, pueblo Mío. Y los traeré a la tierra de Israel». Esta profecía anticipa el renacer de Am Israel, incluso en momentos en que la esperanza parece perdida y la fortaleza para volver y empezar de nuevo parece haberse desvanecido. El significado de esta profecía se volvió especialmente conmovedor después de la masacre en Israel, lo que dio lugar al uso generalizado de la frase «Am Israel Jai».

Para comprender mejor el significado de la frase «Am Israel Jai», profundicemos en nuestra perashá, que comienza con el versículo: «Vayejí Yaakov», «y vivió Yaakov». El Or Hajaím plantea la pregunta de por qué Hashem había indicado anteriormente que Yaakov ya no debía ser llamado Yaakov, sino Israel; y, sin embargo, encontramos muchas ocasiones en las que todavía se lo llama Yaakov. El Or Hajaím ofrece una respuesta, sugiriendo que Yaakov tiene dos nombres, cada uno de los cuales indica estados o momentos distintos de su vida. Cuando experimenta alegría, se lo llama Israel, pero en tiempos de tristeza se lo llama Yaakov. Por consiguiente, la prohibición de llamarlo Yaakov se aplica solo en los momentos de felicidad.

El Or Hajaím afirma además que los descendientes de Yaakov deben ser llamados siempre Israel. Sin embargo, surge la pregunta: ¿por qué llamarlos exclusivamente Israel, y por qué no usar el nombre Yaakov en tiempos de dolor? Para analizarlo, sigamos el recorrido de Yaakov desde la venta de Yosef por sus hermanos. Cuando Yaakov recibe la desgarradora noticia acerca de su hijo, lo invade una tristeza devastadora. Jazal, sin embargo, nos informan que esto estaba planeado de antemano por la Providencia Divina. Hashem debía cumplir el decreto comunicado a Avraham de que sus hijos descenderían a una tierra extranjera. Jazal explican que Yaakov debía ser llevado a Egipto con deshonra, encadenado.

Sin embargo, Hashem lo dispuso de otra manera, transformando el escenario de modo que Yaakov descendiera de forma real, cuando su hijo Yosef, que luego llegó a ser rey, lo hizo bajar con honores reales. Otra historia devastadora para Yaakov, con un desenlace igualmente positivo dispuesto por la Providencia Divina, es el incidente de Diná, cuando fue ultrajada por Shejem ben Jamor. Aunque este suceso fue sin duda trágico, examinemos sus consecuencias. De este hecho angustiante nació una niña llamada Osnat. Osnat, rechazada y repudiada por su familia a causa de su padre Shejem, fue enviada lejos por Yaakov. Él le dio una cadena que destacaba su vínculo con la familia de Yaakov Avinu, y la dejó cerca de las murallas de Egipto. Potifar la encontró y la adoptó.

Cuando finalmente Yosef llegó a Egipto, caminando entre admiradoras que lo colmaban de joyas, Osnat estaba entre ellas. Su única posesión era la cadena, que ella también le arrojó a Yosef. Al ver la cadena y leer sus palabras, Yosef comprendió quién era ella y se casó con ella de inmediato. Tuvieron dos hijos; uno de ellos fue Efraim, de quien descendió Yehoshúa. Yehoshúa desempeñó un papel fundamental como eslabón para continuar la transmisión de la Torá de Moshé al pueblo. También fue él quien condujo al pueblo de Israel a la tierra de Israel. El tema de fondo de estas dos historias es que la venta de Yosef preparó el terreno para el descenso de Yaakov a Egipto, un paso que Jazal consideran necesario para preparar al pueblo para recibir la Torá y entrar en la tierra de Israel.

Al mismo tiempo, la trágica historia de Diná dio origen al líder a través del cual la Torá continuaría y que los guiaría hacia Israel, entrelazando así ambos sucesos para que se complementen mutuamente. Ahora que Am Israel comprende el desenlace de estas historias —en las que Yaakov, a pesar de su dolor, se dio cuenta de que de cada tragedia Hashem hace brotar la salvación—, le queda una perspectiva positiva. Esta comprensión le infunde un sentimiento de confianza, resumido en el grito «Am Israel Jai», donde «Israel» significa alegría. Esta expresión transmite que, incluso en tiempos de tristeza, mantiene la convicción de que de ello surgirá el bien.

Publicado originalmente en The Jewish Vues.

Original en inglés