¿Puede la inteligencia artificial ser el nuevo rabino?
Rav Shay Tahan
¿Qué es la IA, o inteligencia artificial?
La IA, o inteligencia artificial, es una rama de la informática cuyo objetivo es crear máquinas inteligentes capaces de realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana. Implica desarrollar algoritmos y sistemas capaces de analizar datos, aprender de ellos, tomar decisiones y resolver problemas. Entre los ejemplos de aplicaciones de IA se encuentran los sistemas de reconocimiento de imágenes que pueden identificar objetos en fotografías, los automóviles autónomos que pueden circular y tomar decisiones en la carretera, y los chatbots que pueden mantener conversaciones con seres humanos. La IA tiene el potencial de revolucionar diversas industrias, entre ellas la salud, las finanzas, el transporte y muchas otras, automatizando tareas, mejorando la eficiencia y aportando conclusiones inteligentes.
La pregunta que quisiéramos analizar hoy es si la IA puede reemplazar también el papel del Rav y ser utilizada como posek en el ámbito de la halajá. Esto es distinto de las búsquedas en internet, que utilizan motores de búsqueda como Google para encontrar información o recursos específicos en línea, introduciendo palabras clave o frases y obteniendo páginas web, artículos o documentos relevantes. Las búsquedas en internet se basan en algoritmos que hacen coincidir la consulta con el contenido indexado en la web. En cambio, la IA va más allá de la simple coincidencia de palabras clave. Los sistemas de IA están diseñados para comprender e interpretar información, reconocer patrones y establecer conexiones entre distintos datos.
Pueden aprender de grandes conjuntos de datos, identificar tendencias y generar conclusiones que quizá no resulten evidentes de inmediato mediante una búsqueda convencional en internet.
Hacerle preguntas de halajá a la IA
En el contexto del psak halajá, la IA puede ofrecer herramientas sofisticadas para investigar y analizar textos y fuentes halájicas. Puede procesar enormes cantidades de información, identificar precedentes relevantes y proponer posibles soluciones a preguntas halájicas complejas. Los sistemas de IA pueden ayudar a las autoridades halájicas proporcionándoles un acceso completo y eficiente a la literatura halájica, a los comentarios y a las opiniones legales. Pero ¿podemos reemplazar a un posek vivo por la IA?
Mientras que las búsquedas en internet dependen del contenido generado por seres humanos y de la precisión de los algoritmos de búsqueda, la IA tiene el potencial de mejorar el proceso de toma de decisiones analizando enormes cantidades de información y proponiendo posibles soluciones basadas en ese análisis. Dado que la halajá puede ser compleja y llena de matices, con opiniones diversas entre las distintas autoridades halájicas, recurrir a una autoridad halájica calificada garantiza que uno reciba una orientación adaptada a las circunstancias específicas y una comprensión integral de los principios halájicos aplicables. Ellos pueden tener en cuenta los detalles y las complejidades de una situación, así como cualquier costumbre o tradición pertinente. La IA todavía tiene muchas desventajas, como malinterpretar muchos conceptos y responder de forma incorrecta, pero a medida que avance la tecnología podemos esperar que esos problemas mejoren significativamente y que sea capaz de responder con precisión. La ventaja de contar con una ciencia así, con los datos de toda la Torá, que procese una cuestión halájica en segundos, es invaluable.
Entonces, ¿por qué no preguntarle halajá a la IA?
Sabemos que hay lugares en el mundo en los que no judíos estudian Guemará. Imaginemos que uno de esos estudiantes no judíos llegara a dominar tanto el estudio de la Guemará que estuviera al nivel de los Rishonim. ¿Podríamos hacerle preguntas halájicas? La respuesta es sencilla: ¡por supuesto que no! Si alguien preguntara: «¿Por qué no?», pues al fin y al cabo él tiene todo el conocimiento, la respuesta es sencilla. La Torá no se trata solo de conocimiento: se trata de una conexión con Hashem. Podemos encontrar diversos ejemplos de rabanim que no eran tan precisos como otros y, aun así, la halajá es como ellos. Por ejemplo, la Guemará dice que la halajá sigue el dictamen de Bet Hilel por encima de Bet Shamai, aunque Bet Shamai eran más agudos y más precisos (יבמות א,יד).
La razón por la que la halajá es como Bet Hilel, según la Guemará (עירובין ב,יג), es que eran conocidos por ser más humildes, pacientes y de mente abierta en su manera de estudiar e interpretar la ley judía. Primero escuchaban los argumentos de Bet Shamai antes de presentar los suyos, demostrando disposición a considerar perspectivas alternativas. Esta manera de dictaminar la halajá es muy interesante y aparentemente equivocada, porque la halajá debería seguir a quien tiene más razón. Vemos de aquí que las midot de una persona pueden determinar la halajá aunque no sea tan precisa. El Rav Yaakov Kamenetsky (אמת ליעקב עמוד כח ובעמוד שצ) explica que la Torá quiere que sea la mente humana la que decida cuál es la halajá, aun si al hacerlo pudiera equivocarse. Explica que el pasuk dice (ח דניאל): «
Hashem tomó la verdad y la arrojó al suelo». Este pasuk enseña que la verdad no se toma en cuenta si los rabanim piensan de otra manera. Esta idea se describe de la mejor forma en la Guemará (Babá Metsiá 59b), al interpretar el pasaje de «Lo bashamáyim hi» como una enseñanza de que la Torá y sus leyes fueron entregadas a los seres humanos en la Tierra, y de que la autoridad para interpretar y aplicar esas leyes fue confiada al pueblo judío y a sus Jajamim.
Esto es válido incluso si los rabanim se equivocan en lo que dicen (ראה קצות החושן בהקדמה ובדרשות הר״ן בכמה מקומות). ¿Debemos seguir a los rabanim cuando se equivocan? Esta asombrosa idea llega al punto de que, incluso si Hashem mismo dice que la halajá es de una manera y los rabanim dicen que es de la otra, ¡no se nos permite escuchar a Hashem, sino que debemos seguir a los rabanim! Examinemos la siguiente discusión del «Tanur shel Ajnai» (el horno de Ajnai), una famosa disputa talmúdica que se encuentra en Babá Metsiá (59a-b). El desacuerdo gira en torno al estatus de un horno determinado y a las implicaciones que tiene para las leyes de pureza ritual. Según el relato, los Jajamim debatían el estatus de un horno que había sido construido de una manera singular.
Surgió la pregunta de si se lo consideraba ritualmente puro o impuro. La opinión mayoritaria sostenía que el horno es impuro, pero Rabí Eliézer argumentaba que el horno era ritualmente puro. A pesar de los sólidos argumentos de Rabí Eliézer, e incluso de que apeló a diversas señales sobrenaturales para respaldar su postura, Rabí Yehoshúa y los demás Jajamim no aceptaron su opinión. Rabí Eliézer invocó una serie de milagros para validar su opinión, entre ellos hacer que un algarrobo se arrancara de raíz y que una corriente de agua fluyera hacia atrás. Sin embargo, los demás Jajamim rechazaron esos milagros como prueba insuficiente y mantuvieron su desacuerdo con el dictamen de Rabí Eliézer. Finalmente, una voz Divina del cielo declaró que la halajá sigue la opinión de Rabí Eliézer.
Sin embargo, Rabí Yehoshúa respondió citando el versículo «Lo bashamáyim hi —no está en el cielo—» (יב,ל דברים), para enfatizar que la autoridad para decidir la ley judía había sido confiada a los Jajamim en la Tierra y no a voces celestiales. El relato concluye con Rabí Natán encontrándose con Eliyahu Hanaví, quien le explica que la declaración celestial se hizo para enseñar una lección: que la halajá se determina mediante el consenso de la mayoría de los Jajamim, y no basándose únicamente en señales o voces celestiales. La disputa del Tanur shel Ajnai pone de relieve la autoridad de los Jajamim para interpretar y establecer la ley judía. Enfatiza la importancia del razonamiento humano y del consenso en la toma de decisiones legales, incluso frente a acontecimientos extraordinarios o a una intervención divina.
El relato demuestra la importancia del proceso rabínico de debate y consenso, subrayando el papel central de la interpretación humana de la ley judía en el desarrollo continuo de la halajá. Más aún, la Torá nos ordena que, incluso cuando los rabanim se equivocan, debemos hacer lo que ellos ordenan, como dice el pasuk (יא,יז דברים) que debemos seguir a los rabanim aunque se equivoquen, aunque digan de la izquierda que es derecha o que la derecha es izquierda. Vemos de todo lo anterior que, aun si la IA llegara a superar el conocimiento de los seres humanos, ello no afectaría la manera en que tomamos las decisiones de nuestra religión.
Publicado originalmente en The Jewish Vues.
