Caminatas espaciales y más allá: la postura de la Torá ante las aventuras riesgosas
Rav Shay Tahan
El multimillonario judío Jared Isaacman y la ingeniera de SpaceX Sarah Gillis alcanzaron un hito importante al convertirse en los primeros astronautas no profesionales en realizar una caminata espacial en una misión comercial. El jueves, ambos salieron de la cápsula Dragon de SpaceX, que orbitaba a 435 millas (700 km) sobre la Tierra. Isaacman, quien financió la misión Polaris Dawn, fue el primero en salir. «Desde aquí arriba, la Tierra parece un mundo perfecto», dijo, reflexionando sobre la vista. Las caminatas espaciales conllevan graves riesgos, entre ellos la exposición al vacío del espacio, cambios extremos de temperatura y niveles peligrosos de radiación. Los desechos espaciales que se desplazan a gran velocidad también pueden dañar los trajes espaciales. Además, los astronautas enfrentan la amenaza de la enfermedad por descompresión y de fallas en los sistemas de soporte vital, todo ello mientras trabajan en un entorno físicamente exigente.
Muchos de los que lean sobre este viaje quizás sientan cierta envidia, sabiendo que nunca podrán costear una experiencia tan emocionante. Dado que este desafío lo emprendió un judío, algunos incluso podrían sentir una razón adicional para admirar a semejante figura. En respuesta, quizás busquen alternativas más asequibles pero igualmente riesgosas, procurando una emoción similar en actividades peligrosas pero accesibles. Quisiéramos analizar cómo ve la Torá el participar en este tipo de aventuras. Este artículo no se centrará únicamente en los viajes espaciales, sino que también considerará otras actividades de alto riesgo, como el paracaidismo, el alpinismo, el surf de olas gigantes, el buceo en cuevas, el ala delta, e incluso actividades menos peligrosas, como los recorridos en helicóptero o esquiar en zonas riesgosas.
Esto se extiende también a actividades como andar en motocicleta y en patinetas eléctricas, que conllevan peligros inherentes. Gran parte de nuestra juventud busca emociones cada vez más fuertes, y encuentra que las actividades tradicionales, como las montañas rusas de los parques de diversiones o el patinaje sobre hielo, ya no satisfacen su deseo de emoción. El creciente impulso de visitar lugares riesgosos es una preocupación real, una contra la cual la propia Torá advierte. La Torá es un conjunto de mitzvot (mandamientos) y averot (prohibiciones). Por lo general, no se pronuncia sobre asuntos fuera de estas categorías; sin embargo, curiosamente, enfatiza con fuerza la importancia de evitar el peligro. De hecho, la Torá emplea un lenguaje aún más estricto respecto a la seguridad que respecto a los pecados, al decir (דברים ד, טו): «Cuidarás mucho tu alma».
Jazal explican (חולין י, א: חמירא סכנתא מאיסורא) que la obligación de evitar el peligro se trata con mayor seriedad que la obligación de evitar el pecado. La halajá establece claramente (שולחן ערוך סימן קטז ס״ה): «Uno debe cuidarse de todas las cosas que causan peligro, porque el peligro es más grave que las transgresiones, y uno debe cuidarse más de un peligro dudoso que de un isur dudoso. También prohibieron ir a un lugar peligroso, como debajo de una pared inclinada, o solo de noche… Todas estas cosas son a causa del peligro, y la persona que cuida su alma se alejará de ellas, y está prohibido confiar en un milagro en todos estos asuntos». Pero uno podría preguntar: ¿cómo evaluamos el peligro? ¿Existe una manera de medirlo?
Por un lado, casi cualquier cosa puede considerarse riesgosa: incluso salir a la calle implica cierto nivel de peligro por accidentes, delincuencia o terrorismo. Por otro lado, es evidente que la Torá no espera que las personas vivan resguardadas toda su vida. La Guemará cita el pasuk «Hashem protege a los simples» para ilustrar que, cuando una persona vive su vida con sencillez, sin calcular excesivamente qué está permitido en función de la seguridad o el riesgo, Hashem la protegerá. Los poskim de la generación anterior abordaron este dilema y ofrecieron perspectivas similares, con ligeras variaciones (ראה הרב אלחנן ואסרמן הי״ד קובץ שיעורים, כתובות קלו ושם אריה סימן כו). Principalmente explicaron que a una persona se le permite realizar actividades rutinarias, ya que se espera que uno viva su vida con normalidad, siempre que no haya un peligro evidente.
Sin embargo, desaconsejaron participar en actividades consideradas riesgosas si no forman parte de la rutina habitual de uno. Según esta postura, uno puede llevar su día con normalidad, pero debe evitar aventuras, excursiones o actividades que no se consideren muy seguras. La definición de «seguro» está determinada por lo que la sociedad considera peligroso o aceptable (שלמה זלמן אורבעך מנחת שלמה תנינא סי‘ ל‘‘ז ד‘‘ה). Tomemos, por ejemplo, el fumar. En el pasado quizás era socialmente aceptable, pero hoy, con una clara comprensión de sus riesgos, se considera ampliamente inseguro. Según esta postura, una persona no puede apoyarse en la idea de que «Hashem protege a los simples»
para justificar el fumar, ya que sus peligros son bien conocidos. Por lo tanto, uno está obligado a evitarlo.
Por otro lado, algo como comer alimentos grasosos o consumir azúcar, aunque puede ser perjudicial en grandes cantidades, no se percibe en general como peligroso. La gente suele consumirlos sin pensarlo dos veces. Por consiguiente, alguien que por lo demás está sano y elige comer esos alimentos no sería visto como alguien que viola el mandato de la Torá de evitar el peligro, ya que la sociedad no suele catalogar estas acciones como intrínsecamente inseguras.
Es interesante señalar que, hace una generación, el fumar no se consideraba inseguro y era sumamente común. Por ello, el Rav Moshé Feinstein (אגר״מ יו״ד ב‘ סימן מט) y Jajam Ovadiá Yosef (יחוה דעת ח״ה סימן לט) aplicaron la misma lógica que hemos analizado, pero a la inversa, para permitir el fumar en aquella época. En consecuencia, participar en las actividades mencionadas anteriormente, en especial la caminata espacial, está prohibido, ya que son ampliamente reconocidas como riesgosas. Más aún, la gente a menudo busca este tipo de actividades precisamente por el riesgo que implican, en busca de la emoción que proviene de emprender acciones peligrosas. Por ejemplo, la tendencia actual de tomarse selfis a gran altura o al borde de edificios está impulsada por el atractivo del peligro, ya que las personas buscan obtener «me gusta» y seguidores en las redes sociales exhibiendo su comportamiento riesgoso.
Publicado originalmente en The Jewish Vues.
