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La construcción del Bet Hamikdash por el presidente Trump

La construcción del Bet Hamikdash por el presidente Trump

Rav Shay Tahan

La semana pasada, un periodista judío, en una conferencia de prensa en la Casa Blanca, le planteó a la secretaria de prensa una pregunta intrigante: «Puesto que el presidente Trump será recordado por generaciones como el mayor líder de nuestro tiempo, ¿se ha hablado alguna vez del tema de construir el Bet Hamikdash en Jerusalén?». La portavoz respondió cortésmente que el tema no se había planteado. Más allá de la curiosidad que despierta la pregunta en sí, esta suscita una fascinante discusión halájica. ¿Será construido el Tercer Bet Hamikdash por manos humanas, o descenderá del Cielo completamente construido?

Y si ha de ser construido por personas, ¿puede un no judío participar en su construcción, o debe ser construido únicamente por judíos? Se suele creer que el Tercer Bet Hamikdash descenderá del Cielo ya terminado. Esta opinión se encuentra en Rashí (Sucá 41a) y en Tosafot (Shevuot 15b). Sin embargo, lo que es menos conocido es que muchos discrepan de esta postura, e incluso quienes la aceptan a menudo la interpretan de manera no literal. En efecto, el Midrash Tanjumá (Ki Tisá 13) y el Zóhar (Bereshit 28) parecen respaldar la opinión de Rashí: «El versículo dice (Zejariá 2): “Yo, dice Hashem, seré para ella un muro de fuego alrededor”. Por lo tanto, en este monte, el Bet Hamikdash será construido por Hashem y perdurará por todas las generaciones.

De esto se dice (Jagay 2): “Mayor será la gloria de esta última casa que la de la primera”, pues la primera fue construida por el hombre, y esta será construida por el Santo, Bendito Sea. Así dice (Tehilim 127): “Si Hashem no construye la casa, en vano se afanan sus constructores”». Por otro lado, el Rambam dictamina que existe una mitzvá positiva de construir el Bet Hamikdash, una obligación que recae sobre todo Israel, sin que ninguna autoridad la discuta. Por lo tanto, esperar pasivamente una estructura celestial equivale a descuidar esta mitzvá. Del mismo modo, el Talmud Yerushalmí (Meguilá 1:11) afirma que en el futuro el propio pueblo judío se levantará y construirá el Bet Hamikdash.

El Meirí (Sucá 41a) también escribe que será construido por manos humanas, y el Rambam afirma explícitamente que el Tercer Bet Hamikdash será construido por el Mashíaj. ¿Se trata simplemente de una discrepancia halájica, o pueden conciliarse estas opiniones? ¿Cómo podemos armonizar el Midrash y el Zóhar, que describen una estructura celestial, con el Yerushalmí y el Rambam, que describen un Mikdash construido por el hombre? Los comentaristas ofrecen varios enfoques: el Maharam Shik (Yoré Deá 213) distingue entre dos tipos de redención. Si Israel no es merecedor —lo que los profetas llaman beitá (a su debido tiempo)—, el Bet Hamikdash será construido por el hombre. Pero si el pueblo es meritorio y la redención se adelanta —ajishena—, entonces Hashem hará que descienda del Cielo, lo cual representa un nivel espiritual más elevado.

El Maharil Diskin (citado en Aruj Laner, nota 362) propone un enfoque novedoso: una parte del Bet Hamikdash efectivamente descenderá ya hecha del Cielo, tal como se describe en el Midrash Tanjumá, pero sus puertas serán construidas por manos humanas, cumpliéndose así lo dicho por el Yerushalmí. El Rav Yaakov Ettlinger, autor del Aruj Laner, ofrece otra explicación: el pueblo de Israel construirá la estructura física, y después Hashem la infundirá de santidad y de la Presencia Divina. En cualquier caso, parecería que el Bet Hamikdash no puede ser construido por no judíos, ya que debe construirse lishmá, en aras del Cielo. La Torá dice: «Y me harán un santuario, y habitaré entre ellos» (Shemot 25:8). Rashí explica: «Harán para Mi Nombre: lishmá, una casa de santidad».

Un no judío no está capacitado para realizar acciones que requieren tal intención. Sin embargo, el Rav Asher Weiss cita al Tiféret Israel (Midot 1:1), quien escribe que el Bet Hamikdash sí puede ser construido con la ayuda de no judíos. Como precedente, señala que el rey Hiram de Tiro envió artesanos para ayudar al rey Shelomó a construir el Primer Templo, y el pasuk dice: «Se levantarán extranjeros y apacentarán vuestros rebaños» (Yeshayá 61:5). El Rav Bajyé ben Asher (Vayikrá 11:4) va aún más lejos, y escribe que el propio Imperio romano desempeñará un papel en la construcción del Tercer Templo: «En el Midrash Tanjumá se enseña que el reino de Roma es comparado con un cerdo, porque en el futuro el Santo, Bendito Sea, “hará volver” sobre ellos el atributo de la justicia.

Algunas versiones dicen que Él “devolverá la corona a su antiguo esplendor”. El significado es este: los dos primeros Templos fueron construidos por Israel —el rey Shelomó, de la tribu de Yehudá, construyó el Primero, y Zerubabel, también de Yehudá, construyó el Segundo, con el permiso de Ciro—. Pero el Tercer Templo será construido por esta misma nación de Roma, de la cual se dice: “Devolverá la corona a su antiguo esplendor”, ya que fueron ellos quienes lo destruyeron». El Rav Asher Weiss explica que esto no significa que los no judíos construirán físicamente el Mikdash. Más bien, ayudarán en su preparación, eliminando obstáculos o aportando recursos. Lo respalda con el Talmud (Shabat 119b), que dice que ni siquiera el estudio de Torá de los niños debe interrumpirse para la construcción del Mikdash.

Obviamente, esto no significa que los niños harían la construcción en sí —ya que se requiere la intención de lishmá—, sino que podrían ayudar indirectamente, por ejemplo colaborando en la recaudación de fondos o en la organización logística. A esta luz, puesto que el presidente Trump es visto como el líder contemporáneo del mundo romano occidental —identificado por los primeros comentaristas como representante de la cristiandad moderna—, la pregunta planteada a la Casa Blanca no era descabellada. Según la opinión del Rav Bajyé, Roma efectivamente desempeña un papel en la reconstrucción del Tercer Templo: no construyéndolo ellos mismos, sino ayudando en el proceso, eliminando la oposición política, apoyando a Jerusalén y proporcionando los medios necesarios para su realización.

También se puede argumentar que, al plantear públicamente una pregunta así —vista por personas de todo el mundo—, el periodista ya ha hecho avanzar la conversación. Traer el tema del Bet Hamikdash al debate público es en sí mismo un paso más hacia su reconstrucción real, e incluso puede atraer la atención del presidente, quien quizás ahora comience a considerar la idea seriamente. Hay diversas fuentes en los sefarim que indican que nosotros, como nación, debemos hacer activamente los esfuerzos necesarios para promover la causa de la reconstrucción del Bet Hamikdash. Sin embargo, hay varios requisitos previos que aún deberán cumplirse incluso después de que se construya el Bet Hamikdash.

Para entrar en las áreas sagradas y traer ofrendas, necesitaremos la pará adumá (vaca roja) para la purificación, la identificación precisa de los verdaderos cohanim (meyujasim), los bigdé kehuná (vestiduras sacerdotales) y otros elementos esenciales, cada uno de los cuales merece su propia discusión detallada. Que merezcamos pronto, rápidamente en nuestros días, ver la reconstrucción del Bet Hamikdash.

Publicado originalmente en The Jewish Vues.

Original en inglés