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Cuando un presidente habla del Shabat: a quién seguimos y por qué

Cuando un presidente habla del Shabat: a quién seguimos y por qué

Rav Shay Tahan

En un momento sin precedentes, un presidente en funciones, Donald J. Trump, emitió una proclamación oficial que reconoce el Mes de la Herencia Judía Estadounidense junto con el 250.º aniversario de los Estados Unidos. En ella expresó un profundo aprecio por el judaísmo e instó a los judíos a honrar el próximo Shabat guardándolo.

La proclamación comienza así: «En este Mes de la Herencia Judía Estadounidense, honramos las innumerables contribuciones de los judíos estadounidenses a lo largo de los 250 gloriosos años de independencia de nuestra Nación, y celebramos su inquebrantable compromiso con los valores que hacen grande a nuestro país: la fe, la familia y la libertad».

Y continúa: «Desde los primeros días de nuestra República, los judíos estadounidenses han ayudado a construir la causa de la libertad y a sostener la grandeza de nuestra Nación».

«Este mes celebramos las contribuciones que los judíos estadounidenses han hecho a nuestro modo de vida, honramos su papel en la configuración de la historia de nuestra Nación, y recordamos que la devoción religiosa, el estudio y el servicio a los demás son pilares perdurables de una cultura próspera. A través de cada prueba y de cada triunfo, las contribuciones de los judíos estadounidenses han dado forma a nuestro pasado, han fortalecido nuestras comunidades y seguirán inspirando la grandeza estadounidense durante las generaciones venideras».

«Desde la puesta del sol del 15 de mayo hasta el anochecer del 16 de mayo, amigos, familias y comunidades de todos los orígenes pueden reunirse en gratitud por nuestra gran Nación», escribe Trump. «Este día reconocerá la sagrada tradición judía de apartar un tiempo para el descanso, la reflexión y la gratitud al Todopoderoso».

Por un lado, reconforta profundamente el corazón que un líder de semejante estatura elogie a nuestro pueblo, y despierta la esperanza de que la gente se sienta inspirada a atender su llamado y guardar el santo Shabat.

Pero, por otro lado, se podría argumentar que no le corresponde a él, y que no se debe guardar el Shabat porque un presidente lo haya pedido, sino únicamente porque Hashem lo ordenó. Si cumplimos la Torá simplemente porque alguien influyente nos lo pide, eso puede parecer que disminuye la esencia del cumplimiento de la Torá, transformándolo de obediencia a la voluntad Divina en una respuesta a la aprobación humana.

Para comprender el enfoque correcto, debemos acudir a nuestras fuentes de la Torá y ver cómo Hashem y Jazal abordan ideas similares.

La proclamación de Artajshastá

Uno de los ejemplos más claros y similares aparece en el Séfer Ezrá (Ezrá 7:12–28), de donde podemos aprender cómo se relaciona la Torá con el apoyo externo al cumplimiento de la Torá.

Allí, un rey persa —Artajshastá (Artajerjes I)— emite una carta real dirigida a Ezrá. En ella lo nombra para supervisar si los judíos en Yerushaláyim cumplen debidamente la Torá, y expresa un firme apoyo al Bet Hamikdash. Contribuye con cantidades considerables de oro y plata para el mantenimiento del Mikdash y para los korbanot, e indica que los fondos restantes se utilicen para cualquier propósito que esté de acuerdo con la voluntad de Hashem. Asimismo, exime de impuestos a los Cohanim, a los Leviím y a todos los que se dedican al servicio Divino.

La carta concluye (Ezrá 7:26) con la advertencia de que todo aquel que no obedezca las leyes de Hashem será castigado, con penas que van desde el enjuiciamiento hasta multas, encarcelamiento, destierro o castigos aún más severos.

Cuando Ezrá recibe la carta, responde con alabanzas, declarando (7:27) que Hashem es bendito por haber puesto tal buena voluntad en el corazón del rey, permitiendo el fortalecimiento y el embellecimiento del Bet Hamikdash.

Vemos de aquí que la Torá considera favorablemente tales pedidos y que, cuando están de acuerdo con la voluntad de Hashem, se pueden seguir.

Córesh: «Mi ungido»

Otro ejemplo se menciona al comienzo del Séfer Ezrá, donde se nos presenta a Córesh (Ciro). Córesh reconoce que Hashem lo designó como rey y le otorgó dominio sobre su reino, y reconoce que Hashem le encomendó reconstruir el Bet Hamikdash.

Luego alienta al pueblo judío a regresar a Yerushaláyim para tomar parte en esta misión, y exhorta a quienes permanecen en el exilio a apoyar la empresa con plata, oro y otros recursos. En efecto, moviliza todo un esfuerzo nacional para la reconstrucción del Mikdash.

Desde la perspectiva de la Torá, el lenguaje empleado respecto a Córesh es sorprendente. Hashem lo llama Mashíaj, «Mi ungido» (Yeshayá 45:1), una expresión de aprobación rara y extraordinaria hacia un rey no judío. El pasuk dice: «Así dijo Hashem a Su ungido, a Ciro, cuya diestra He sostenido para someter naciones ante él y desatar los lomos de reyes; para abrir puertas ante él, y que los portones no se cierren».

Esto refleja la idea de que incluso las potencias políticas mundiales pueden ser instrumentos para llevar a cabo la voluntad de Hashem en el mundo, en particular en la reconstrucción de Yerushaláyim y del Bet Hamikdash.

El rey Nabucodonosor

En el libro de Daniel, el rey Nabucodonosor II representa un ejemplo sorprendente de un gobernante extranjero que, tras presenciar milagros realizados en honor del D-os de Israel, emite proclamaciones imperiales reconociendo Su supremacía.

Después del episodio del horno ardiente (Daniel 3), Nabucodonosor promulga un decreto real según el cual a nadie en su imperio se le permite hablar irrespetuosamente de Hashem, a la vez que ordena una forma de reverencia hacia el D-os de Israel en todo su vasto reino.

Más adelante, en Daniel 4, tras su sueño del árbol y su período de humillación, Nabucodonosor proclama nuevamente la grandeza del D-os de Israel, declarando que Su dominio es eterno y que todos los reyes de la tierra están subordinados a Él.

En conjunto, estos episodios ilustran un tema bíblico más amplio: incluso los monarcas gentiles más poderosos pueden ser llevados, mediante la intervención divina, a afirmar públicamente la soberanía del D-os de Israel.

Seguir a Hashem, no al hombre

Pero, de nuevo, debemos preguntar: ¿por qué habríamos de seguir la orden de otra persona para escuchar a Hashem? En definitiva, uno debe escuchar y obedecer a Hashem mismo, y no actuar bajo influencia externa. Esta idea puede esclarecerse con un Rambam en Hiljot Guerushín (Mishné Torá, 2:20), donde trata el caso de un hombre al que el Bet Din obliga a dar un guet, pero él se niega. El Rambam dictamina que se le obliga —incluso se le coacciona físicamente— hasta que acceda a dar el divorcio.

El Rambam plantea entonces una dificultad: ¿cómo puede ser válido un guet así si se da bajo coacción? Al fin y al cabo, un guet forzado debería ser inválido. El Rambam responde, en su conocida explicación, que dado que en verdad todo judío desea cumplir la voluntad de Hashem, la coacción simplemente elimina la resistencia externa y revela su voluntad interior; por lo tanto, se considera que el guet fue dado voluntariamente.

Del mismo modo aquí, cuando respondemos al pedido de un presidente, no guardamos el Shabat a causa de su llamado. Más bien, sus palabras sirven como recordatorio y afirmación pública de algo más profundo dentro de nosotros: seguir los caminos de Hashem y guardar el Shabat tal como Él lo ordenó.

Cuando incluso el líder de una superpotencia secular reconoce la belleza y la sabiduría del Shabat, se pone de relieve cuán eternos y universales son los valores de la Torá. Cuando el mundo se detiene a reconocer la grandeza de la Torá, ello se convierte en una forma de kidush Hashem: un recordatorio de que la verdad de la Torá puede brillar con tanta intensidad que incluso quienes están fuera de ella se ven movidos a reconocer su valor.

Publicado originalmente en The Jewish Vues; publicado también en 5TownsCentral.

Original en inglés