Las Mujeres del Muro a través del lente de la halajá
Rav Shay Tahan
La semana pasada, la Corte Suprema de Israel emitió una orden contundente que exige al Estado avanzar con los planes, estancados desde hace mucho tiempo, para un área permanente de rezo igualitario en el Kotel, el Muro Occidental. Con ello se intensifica una lucha legal y religiosa de décadas sobre quién define el carácter del lugar más sagrado accesible del judaísmo. El fallo ya ha provocado una reacción política y nuevos esfuerzos legislativos destinados a limitar la influencia judicial sobre los arreglos religiosos en ese lugar.
En el centro de esta disputa en curso se encuentran las Mujeres del Muro (Women of the Wall), grupo fundado en 1988 para promover el derecho de las mujeres a rezar en el lugar según la costumbre reformista. Sus prácticas, como rezar en voz alta, ponerse talit y tefilín y leer de un rollo de la Torá, han desatado un intenso debate. Sus partidarios las ven como defensoras de la libertad religiosa y del pluralismo, mientras que sus críticos consideran sus esfuerzos un desafío a una tradición de larga data. A lo largo de los años, sus peticiones han impulsado fallos judiciales, negociaciones gubernamentales y cambios de políticas, lo que las convierte en uno de los actores más influyentes de la continua lucha por los derechos de rezo en el Kotel.
En este artículo no intentaremos justificar sus intenciones provocadoras, que son claramente objetables por muchas razones: su propósito de desafiar las costumbres establecidas, su disposición a contradecir a las principales autoridades rabínicas sin excepción, y el dolor que esto causa a muchos dentro de Klal Israel, que sienten que están desafiando la santidad del lugar sagrado, entre otras cuestiones. Más bien, nos centraremos en el núcleo del debate halájico, es decir, si a las mujeres se les permite, desde el punto de vista halájico, cumplir las mitzvot en cuestión.
Tefilín
¿Están las mujeres obligadas a ponerse tefilín, o se les permite hacerlo? Las mujeres no están obligadas, ya que esta mitzvá depende del tiempo, pues no se aplica en Shabat ni en Yom Tov. Aunque podría argumentarse que se les debería permitir cumplirla de manera voluntaria, el Ramá escribe (siman 38, 3) que las mujeres no deben ponerse tefilín, y muchos poskim añaden que, si una mujer desea ponerse tefilín, se la debe disuadir.
Aunque la Guemará relata (Eruvín 96) que Mijal, la hija del rey Shaúl, se ponía tefilín, muchos comentaristas explican que su conducta no fue aceptada como práctica correcta.
Tzitzit
El tzitzit también es una mitzvá que depende del tiempo, ya que no se aplica de noche. Por otro lado, una mujer que lo desee puede técnicamente usarlo; sin embargo, el Ramá escribe (siman 17) que no debe hacerlo, ya que se considera una forma de yuhará (arrogancia espiritual). Además, según las enseñanzas de la Cabalá, esta mitzvá está asociada específicamente con los hombres, y se entiende que las mujeres no están incluidas en su ámbito (Rav Pealim en nombre del Arí).
El Targum (Yonatán ben Uziel) escribe que las mujeres que se ponen tefilín o tzitzit transgreden la prohibición de «no vestir ropa de hombre».
Aliyá a la Torá
Tampoco se debe llamar a una mujer a la Torá para una aliyá. Como dicen Jazal, la baraita en la Guemará (Meguilá 23a) enseña:
«Todos se cuentan entre los siete, incluso un menor e incluso una mujer; pero los Sabios dijeron: no se llama a una mujer a leer de la Torá, por el honor de la congregación».
Vemos que los Jajamim impusieron una restricción a que las mujeres suban a la Torá. En cuanto al comienzo de la baraita, que parece permitirlo a una mujer, el Meirí sostiene que la posibilidad de llamar a una mujer existía en principio, pero solo en la época de la Mishná, cuando únicamente el primero y el último de la lectura recitaban la berajá sobre la Torá. En ese caso, una mujer podía subir en medio de la lectura sin recitar una berajá. Después de que los Jajamim instituyeron que cada persona llamada debe recitar su propia berajá, ya no está permitido llamar a una mujer, puesto que ella no está obligada en la lectura y no puede recitar debidamente la berajá. Otra opinión entre los Rishonim, la del Maharam de Rotemburgo, explica que lo que permite la baraita se refiere solo a situaciones en las que no hay hombres disponibles; si hay hombres presentes, el final de la baraita dictamina claramente que no está permitido llamar a una mujer. La misma idea la expresa también el Yaabets.
Minián
Las mujeres no pueden formar un minián, ni puede una mujer completar un minián si hay nueve hombres. La razón es que el concepto de davar shebikdushá se deriva del versículo «ונקדשתי בתוך בני ישראל», que Jazal relacionan con el episodio de los espías enviados a explorar la Tierra de Israel, que eran diez hombres, no mujeres.
Kipá
Algunas de estas mujeres llevan kipá —una yarmulke—, por extraño que parezca. Llevar kipá también transgrediría la prohibición de «no vestir ropa de hombre».
Evitar disputas y divisiones
Una prohibición adicional es actuar de manera diferente a la comunidad, conocida como la prohibición de «lo titgodedu». Su significado es que no se deben seguir prácticas distintas de las del resto de la comunidad o congregación local, para evitar la división, la disputa o la impresión de que hay «dos Torot». Este principio exige mantener la uniformidad en las prácticas públicas, halájicas y comunitarias, especialmente en los asuntos entre el individuo y la comunidad.
Palabras finales
En conclusión, queremos afirmar lo obvio: estas mujeres no actúan dentro del marco de la halajá, y las halajot que hemos tratado no están dirigidas a ellas. El propósito es para nosotros: entender qué está mal desde el punto de vista halájico y por qué está mal. Esto, aparte del hecho de que sus acciones parecen tener la intención de provocar a quienes consideran el Kotel y la santidad de la halajá como algo sagrado y profundamente significativo.
Publicado originalmente en 5TownsCentral; publicado también en The Jewish Vues.
